miércoles, 15 de septiembre de 2010

COCINILLA III - BIZCOCHO DE YOGUR



Me he resistido tanto como me ha sido posible, pero todo llega a su fin y -aunque no soy muy del Dúo Dinámico (éste, no; éste)– tengo que reconocer que “el final del verano llegó”. Pero no partiré. Bueno, una pequeña escapada no me vendría mal. El hecho es que toca rentrée. Me gusta esa palabra. Es mucho más teatral que nuestra “vuelta al cole” o “comienzo del curso” o “reaparición”. Aunque ésta última traducción, se acerca bastante a la realidad, ¿no?

Como habréis notado, no he publicado nada desde finales de Julio, cuando asistí a una reunión de bloggers en Madrid. Decidí tomarme unas vacaciones en Agosto (se han alargado un poco, sí) y aunque la actividad por facebook y twitter no ha parado nunca del todo, la segunda quincena fue un tiempo de necesaria desconexión. A ver si ayuda a retomarlo con ganas, porque hay algunos proyectos por ahí (ya os contaré, ¡curiosos!).

Para la reaparición en escena de M. Cocotte vamos a comenzar retomando la sección COCINILLA. Hoy con el más que clásico bizcocho de yogur. Sí, ese en el que se usa el mismo vaso del yogur, como medidas de los ingredientes. De todas maneras, yo los pesé para no andar guarreando con el vasito. Para los que no os acordéis de que va esto de COCINILLA, es una idea que surgió hace unos meses y que consiste en publicar recetas sencillas para que la gente se anime a meterse entre fogones. Bueno, o descubran que la vitrocerámica es algo más que un extraño cristal negro donde dejar las bolsas de la compra. (Sí, yo también lo hago. ¿Y qué? XD )

La idea es, acabar haciendo un pdf con esas recetas y compartirlo. Por supuesto, y aunque hay una lista de platos, si tenéis alguna sugerencia podéis mandar un correo a monsieurcocotte@gmail.com o, mejor aún, dejar un comentario, que hace más ilusión.

A lo que iba. El bizcocho de yogur. Los bizcochos son algo así como un fondo de armario. Es imprescindible saber hacer al menos uno para poder zamparte un trozo con un vaso de leche, o para usarlo como base de una tarta, para quedar bien con la suegra (bueno, eso es imposible, vale) o, como tantas veces hemos visto en la tele, para usarlo de caballo de Troya a la hora de cotillear la casa de una vecina. Así nos sentiremos mucho menos culpables a la hora de pronunciar frases como: “¿Sabes, querido? Mme. Chaudfroid se ha comprado un espantoso sofá de Ikea. ¡De Ikea! ¿Te lo puedes imaginar?”.

Ah, por cierto, un saludo a las chicas LDA por animarme (o hacer presión social, que es otra manera de verlo) a que aparcase mi estado vegetativo/vacacional. Aunque la idea de vivir una larga tarde de agosto, me gusta, para qué engañarnos

Y ahora, pasemos a la receta…



BIZCOCHO DE YOGUR

Dificultad:La que tiene mezclar cosas y echarlas en un molde. Que esto es COCINILLA!!!

Ingredientes (para un desayuno de sábado, por ejemplo):
  • 3 huevos.
  • 1 yogur natural. Yo usé un griego del MC, como veréis en las fotos. Ah, con los de sabores el bizcocho sabe a plástico. Yo aviso.
  • 1 vaso de yogur de aceite de oliva suave (en adelante, VY, como en los libros de física). Hay gente que usa aceite de girasol. Hay gente "pa' tó" XD
  • 2 VY de azúcar. O 260 g.
  • 3 VY de harina. O 270 g. ¿Veis cómo lo pesé?.
  • 1 sobre de levadura en polvo Royal. O levadurina. O baking powder. O cómo lo llaméis vosotros.
  • Por enriquecerlo, aunque no es imprescindible, le añadí 40g. de pasas, 50 g. de nueces y la ralladura de medio limón. Lo que tenía por casa, vamos.

Preparación:


1 Vamos a hacer la mezcla en dos tiempos. La verdad es que podríamos batirlo todo y meterlo en el horno, pero creo el resultado es mejor así. Mezclaremos los ingredientes “secos” por una parte y los “húmedos” por otra.






2 Una vez que tengamos las dos mezclas preparadas, las uniremos batiéndolo todo a mano. Alguna vez lo he hecho usando la batidora y queda un bizcocho con aspecto industrial. No es lo que buscamos, eso se lo dejamos a la tía Mildred, que es una señora de mentira. O eso espero.








3 Untamos el molde donde lo vamos a hornear con mantequilla y lo espolvoreamos con un poco de harina. Vertemos la mezcla y lo introducimos en el horno, que ya habremos precalentado (es decir, que llevará unos 10 o 15 minutos encendido), a 180º C unos 45 minutos, o hasta que al pinchar la masa con una aguja, ésta salga limpia. Me gusta mucho más esa manera de medir el tiempo. Y es mucho más sencilla, la verdad.






Esta receta lleva aceite, pero podéis cambiarlo por mantequilla. Eso sí, si lo hacéis, avisadme para que vaya a probarlo. Yo llevo la leche :)



sábado, 31 de julio de 2010

ESPLENDOR EN LA HIERBA – VII TAPAS&BLOGS


Madrid. Una tarde de Julio. Un picnic. Parece una idea bastante loca, ¿a que sí? Yo también lo pensaba. Y lo sigo pensando, la verdad.

Todo surgió de los organizadores del Tapas&Blogs, una quedada de gastrobloggers (toma vocablo) que se celebra mensualmente en la capital. Para celebrar la continuidad del proyecto, la llegada del verano, la amistad y otras cien mil cosas, decidieron que lo mejor era que montásemos un picnic al que podríamos llevar algo cocinado por nosotros –para demostrar que somos capaces de hacerlo, y no unos malditos copiatextos y plagiafotos, supongo- y, además, también nos podían acompañar amigos, parejas, hijos,... Esto era para convencerles de que no somos locos peligrosos ni realizamos aquelarres en noches plenilunadas. En eso fallamos en cuanto aparecieron las viandas y en vez de atacarlas tenedor en ristre, como hubiese sido natural, nos pusimos a hacerles fotos. Se les veía en las caras sus pensamientos: “si es que no están bien, si es que no están bien”.

Yo ya sabía del Tapas&Blogs a través de otros locos de la comida que he conocido gracias al blog, al señor caralibro y al pajarico, pero entre horarios de bus, los propios del evento (que suele ser más bien nocturno) y la necesidad de quedarme en una bonita pensión, barata pero limpia... Pues no me veía. Así que me quedé con las ganas de conocer a Mario Sandoval y su restaurante, la verdad. Una lástima.

Sin embargo, esta vez se dio la clásica combinación de factores favorables y además me presionaron un poco (bendita presión), así que me vi un sábado, después de comer, subido a una sepulvedana (ese era el nombre de la antigua empresa de autocares que comunicó Talavera-sur-mer con Madrid durante años) con mi lata de galletas de mantequilla bajo el brazo, como un moderno Paco Martínez Soria, para qué engañarse. Y porque no tenía una gallina a mano.

Cuando llegamos nos metimos en el metro (ese que dicen que vuela, pero en realidad va bajo tierra) y tras un pequeño viaje salimos por una estación (me da un poco de miedo llamarlas “bocas”) hecha a lo moderno, en hormigón labrado del bueno. Después de dar unas cuantas vueltas por un bonito y soleado barrio popular de la capital, llegamos al punto señalado por la organización. Como era de esperar, no había nadie.

Así que nos pusimos el disfraz de exploradores y dimos una vuelta por ese pinar reseco que es la Dehesa de la Villa. Por cierto, que dehesa más extraa. Ni encinas, ni cerditos ibéricos ni nada. Sólo hierba calcinada por el sol de julio. El hecho es que al final encontramos a un pequeño grupo de gente rara con cara de comilones, digo de gourmets :$

Poco a poco, empezó a llegar más gente y –tras la inicial ensalada de nervios- aparecieron caras conocidas, fueron fluyendo las charlas, las sonrisas, los mojitos de Minues… Y me fui dando cuenta de algunas cosas.

A saber: que esta gente es más maja aún en persona que vía teclado y eso que algunos ya parecen de la familia (me fastidia muchísimo que no pude hablar con todo el mundo, en serio, pero me tenía que volver pronto para no perder el bus de vuelta), que Anita no es tan pequeña como podrías pensar (y tiene una bonita sonrisa), que a los gallegos les gustan los pulpos de un modo preocupante, que algunas se ponen los cubiertos (chinos, eso sí) por montera, que es difícil ser bilingüe, que en toda reunión madrileña hay mucha gente “de fuera” (eso de que Madrid es una ciudad mucho más abierta y amable de lo que algunos piensan, ya lo sabía), que la nobleza viaja en zeppelín (además de ser unos tipos encantadores), que los mejores platos para llevar a una merienda suelen ser los más sencillo (¿nadie va a hablar de la cecina de Montse? ¿Y de la sobrasada vieja de Chis?), que mis galletas les gustaron a los niños... Creo que ya está bien, ¿no? Para que os hagáis una idea, ¡mirad las fotos! (Esa de arriba, en concreto, es de Anna).

En cuanto a la comida, que estaría bien hablar un poco de ella, mucha variedad. Sobre los manteles a cuadros -qué típico- se vieron desde tortillas de patata hasta cebiche y comida japonesa, sin olvidarnos de la sobrasada de Chis (es que me entusiasmó, en serio), la cecina de Montse o la patatera de Rafa. Y de postre… Pues Ana y Víctor se presentaron con unas magníficas -y libres de gluten- galletas mediterráneas; Laura y Luisete, con magdalenas con pepitas de chocolate Kuna Yala; Marta, con sus mil millones de copas de crema de mascarpone con cerezas en compota; Alfonso, con una riquísima tarta de nutella y el que suscribe llevó una lata de cookies de chocolate blanco y nueces, rebosantes de mantequilla. Los golosos somos así.

Ah, por primera vez el Tapas&Blogs tenía un patrocinador. La gente de Sandwich Léger llevó un montón de sándwiches de todos los sabores posibles (todas esas cajas que aparecen por las fotos). También aportaron la bebida, que si no la comida no pasa. Celina Lozano, de Celina Catering, se lo curró llevando tortillas (¿qué es una merienda sin tortillas, eh?) y creo que algún postre. Es que no lo podía probar todo, que uno tiene un límite.

Demasiado rápido, como pasan las cosas buenas, llegó la hora de irse. Un poco pronto, pero gracias a que los señores propietarios de la línea de bus decidieron hace no demasiado que la última posibilidad se salir hacia Talavera-sur-mer era a las diez de la noche (que eso es al final de la tarde en el estío castellano) uno tuvo que abandonar la fiesta a las ocho y media. Una hora indecente, lo sé.

De manera que me quedé sin hablar con algunos, habiendo saludado tan sólo a gente con la que uno charla prácticamente todos los días, sin haber podido escucharles (a alguna, en concreto, creo que le pude escuchar dos o tres palabras). En fin, ¡que habrá que repetir en otoño!

Cuando llegué a casa, un poco cansado, aún mantenía la sonrisa.


Les images:
Para que os hagáis una idea de cómo fue todo, os dejo algunos enlaces con fotos de tan magno acontecimiento hechas por algunos de los asistentes:

- Anna,
- Andoni,
- Alejandra,
- Fiona,
- Lau,
- Luisete
- Tapas&Blogs,
- y, por supuesto, las mías aquí.

* Si queréis que vuestra galería se pueda visitar desde aquí, mandadme un mensaje y edito la entrada.


Les recettes:
También quería compartir con vosotros las recetas de los platos que llevaron los bloggers al picnic. No están todas aún. Espero poder ofreceros más en unos días.

- Alfonso, llevó una fabulosa tarta de chocolate y Nutella;
- Ana y Víctor, llevaron rollitos de ensalada campera, empanada de atún y galletas mediterraneas;
- Ana, triángulos de queso feta y Coronation Chicken;
- Belén, Vichyssoise para más de dos;
- Damián (resulta que somos primos!), una mousse de salmón con muy buena pinta;
- Daniel y su familia (un saludo a Alma, la recién nacida y a Oriol),empanada de bacalao con pasas;
- Loreto, cebiche criollo de gambas;
- Luisete, Laura (y el pequeño Eric, uno de los protagonistas de la reunión) onigiri y magdalenas con pepitas de chocolate de Kuna Yala;
- Marta, con sus copas de mascarpone;
- Miquel, fue otra estrella con sus mojitos,
- Montse, cecina y patatas con alioli (esas no las vi);
- Paco, empanadillas de sobrasada y miel;
- Rafa, morcilla patatera, bonito en escabeche y pan de Mie;
- Sofía, pastel de pollo y quiche lorraine;
- por último, yo llevé una lata de cookies de chocolate blanco y nueces. Es esta receta, cambiando ingredientes.

* Igualmente, si no estáis y queréis estar, basta con decirlo.

Un abrazo a todos.

lunes, 19 de julio de 2010

COCINILLA II - POLLO AL CHILINDRÓN


Pollo al chilindrón. Yo oigo estas palabras y pienso en películas españolas en blanco y negro. En concreto, en José Luis López Vázquez diciendo servilmente aquello de: "Fernando Galindo, un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo". Y en Carpanta, que vivía debajo de un puente. Sería cuando en España no llovía, supongo. Este invierno el pobre Carpanta se hubiese tenido que ir a vivir al aeropuerto de Barajas. Es de esas cosas que uno asocia con algo antiguo como los muebles castellanos, los mocasines de colegio de monjas y los Guardias Civiles con mostacho.

También lo asocio con "el día de los pollos", una especie de romería culinaria que celebran en el pueblo de mi padre. No recuerdo cuál es el motivo, pero una vez al año -creo que a final del verano- los grupos de amigos se van al campo a comer gallináceas teñidas de rojo. La tradición consiste en llevar pollo con tomate (no es un chilindrón, exactamente), pero también suelen aparecer tortillas, pimientos fritos y filetes empanados. Ahora que lo pienso, no son muy imaginativos los de Las Herencias para los nombres, no.

Por cierto, aunque es de esas cosas "de toda la vida", la verdad es que esta receta lleva en mi casa poco tiempo. No me la sopló la abuela ni estaba apuntada en algún viejo cuaderno encontrado en la troje del pueblo. Salió de uno de esos muy recomendables recetarios que la revista Telva regala de vez en cuando. Fue Mme. Cocotte quien lo vio y pensó: "esto va a estar bueno". Y acertó, claro. Desde entonces se ha convertido en un fijo en casa. Y es que es fácil, barata, se congela bien... ¡Lo tiene todo para triunfar en la vida moderna!

El chilindrón es una manera de preparar el pollo -también se usa con otras carnes como el cordero, el magro de cerdo o la ternera, claro- que consiste en guisarla con tomate, cebolla y pimientos. A veces también se le añade jamón a esa salsa. Y ajo. Por lo que parece, es típico de la zona de Aragón, Navarra y el País Vasco. Chilindrón suena a maño, ¿no? Habrá que preguntar a los Gastrónomos del Ebro. De todas maneras, en internet me entero de que es muy común prepararlo para comer en Huesca por San Lorenzo, que para eso es el patrón de la ciudad.

Esta receta es un poco falsaria porque usamos tomate de bote, pero hay que facilitar las cosas. Además, con buscar uno que nos guste... Yo estoy usando ahora el de Hida que también hace un pisto estupendo (mejor que el de muchas madres, para qué engañarnos). Una idea que he visto por ahí ha sido hacerlo con pechugas de pollo. Así lo puedes llevar al parque, de paseo, sin portar armas blancas :) Ah, en esta receta se usan pimientos verdes, aunque lo habitual sería usarlos solamente rojos. A mí me gusta el sabor que da la mezcla de los dos tipos, pero no descarto hacerlo alguna vez sólo con colorados, porque tiene que quedar bien, ¿no?



POLLO AL CHILINDRÓN
Dificultad:
para cocineros novatos que quieran chuparse los dedos.

Ingredientes (6 personas. Invitad a algún amigo a comer):
  • 1 pollo de 1 kg y medio, troceado amablemente por nuestro carnicero.
  • 2 cebollas.
  • 1 pimiento rojo, gordito, jugoso... Se me hace la boca agua.
  • 3 pimientos verdes.
  • Salsa de tomate espesa al gusto (ahí está el truco).
  • Sal y pimienta.

Preparación:


1 Doramos el pollo en aceite de oliva. Cuando esté a nuestro gusto lo retiramos y lo reservamos.

2 Pelamos las cebollas y las picamos. Limpiamos los cuatro pimientos y los troceamos a nuestro gusto. En el aceite de freír el pollo, estofamos la cebolla y los pimientos. Añadimos la salsa de tomate y salpimentamos. Dependiendo de cómo de líquida queramos el chilindrón, añadiremos más o menos tomate. Dejamos cocer todo a fuego lento durante unos quince minutos.

3 Añadimos los trozos de pollo y lo cocemos todo junto durante otros veinte minutos. Después, lo servimos caliente.

Se conserva hasta dos días en la nevera y congela muy bien. Si se lo preparáis a vuestra pareja -o a quien quisiérais que lo fuese- seguro que os empieza a mirar con otros ojos ;) ¡Es el famoso poder afrodisíaco del pollo al chilindrón!


lunes, 28 de junio de 2010

PASTA CASERA AL HUEVO. “AL”, PORQUE SÓLO USÉ UNO.

Recuerdo que fue una mañana luminosa. Al menos, comparada con la primavera invernal que hemos sufrido. Llevaba mucho tiempo deseando hacer pasta en casa pero no me atrevía. Soy tan tonto que creía que necesitaba una máquina italiana, reluciente y estilosa. Y no. Para hacer pasta sólo hacen falta ganas. Y yo las tenía.

Había leído sobre el tema en un libro que me traje de Florencia: “El arte de la Cocina. Las recetas de la tradición”, de Sandra Rosi. Al principio pensé que era un libro para turistas, pero todos los platos que he sacado de ahí salen a la perfección. Por lo que parece, las recetas han sido cocinadas antes de publicarlas. Y eso no es tan común como creéis. Del tiramisú, de cierta cena de Nochebuena y de mi abuela ya os hablaré en otra ocasión.

El caso es que, decidido como estaba, hice lo que toda persona de este siglo hace cuando necesita saber algo. ¿Llamar a la mamma? No, buscar en Internet. En Youtube (pronúnciese en inglés, por favor, que me hace mucha gracia). Y allí encontré este par de vídeos que me mostraron el camino y me dieron bastante envidia, para qué nos vamos a engañar (vídeo A + vídeo B). Quedó de mostrado que para hacer pasta en casa sólo hacen falta los ingredientes, un rodillo y un cuchillo afilado. Muy afilado, que si no la pasta se pega.

Así que me fui para la cocina con mi camiseta de Mickey, a limpiar la encimera sobre la que iba a trabajar. Ya lo había hecho el día anterior, pero tiendo a ser un poco maniático. Así que, de nuevo, di un buen repaso a la piedra hasta que quedó más que limpia, higienizada. Entonces, y sólo entonces, fui a por los ingredientes: 200 g. harina, un huevo, aceite de oliva virgen extra – del que usaría una gota- y una pizca de sal (las cantidades originales son: 600 g de harina blanca, 3 huevos, una cucharadita de aceite de oliva virgen extra, y sal)

Hay otras recetas que usan más huevos, pero yo usé esta y me gustó el resultado. 5 huevos para un kilo de harina, que no está nada mal.

Dispuse la harina en el mármol y formé una especie de cráter donde echaría el huevo. Me acordé del volcán de Islandia. ¿Ya se habrá apagado? También añadí un poquito de agua (unos 33 cl), el aceite y la sal. De aceite, la receta pide una cucharadita por 600 g. de harina, así que usé literalmente una gota. Empecé mezclando con un tenedor y continué después amasando con las manos hasta que obtuve una masa suave y elástica.

Según las instrucciones, hice una bola con la masa, la cubrí con film –ese gran invento que tan pronto se usa como improvisada tapa de un cacharro, como de contenedor para cocer un huevo- y lo dejé reposar unos 10 minutos.

Tras ese instante, que te da como para tomarte medio café o un vaso de agua, espolvoreé un poco de harina sobre mi impoluta superficie de trabajo y comencé a extender la masa con el rodillo. La idea es que la pasta debe mantener siempre la forma redonda hasta llegar a formar un disco tan plano como podamos (de 1 mm. de grosor, más o menos). Para ello vamos girando un cuarto de vuelta la masa cada vez que le pasemos el rodillo por encima. De vez en cuando hay que espolvorear un poco de harina para que no se nos pegue todo, pero intentaremos que sea la indispensable, para que no se nos engorde demasiado la pasta. Si miráis aquí, podréis ver un ejemplo con masa “preciosa y fressca” un tanto tropical.

Una vez que tuve ante mí el disco de pasta, lo dejé reposar otros 10 minutos para que se secase un poco y lo corté en tiras de unos 30 cm. de ancho. Esas tiras las enrollé sobre sí mismas cuatro veces en el sentido de la anchura y las corté en tiras finas para formar tagliatelle. Después las dejé extendidas sobre una rejilla un rato, antes de cocinarlas.

Al ver el trabajo acabado, sentí una extraña satisfacción, casi como de haber creado algo de la nada. No era la primera vez que mezclaba ingredientes básicos para obtener un resultado. Se usan casi los mismos para hacer un bizcocho de aceite. Sin embargo, al hacer pasta en casa hay algo distinto, a lo mejor tiene que ver con que no hay nada más que la masa y tú. Sin horno, sin fogones. Sólo la masa y tus manos.

Cuando los llevé a la mesa, acompañados de una sencilla salsa de tomate hecha un rato antes, noté que era un instante perfecto.






Nota:
Asociamos la pasta fresca con Italia, con los lienales frescos del supermercado o con las tiendas "gourmet", pero ya en la España rural de los ’50, había gente que iba por las casas con su máquina y te hacían los fideos allí mismo. A la casa de mi abuela, sin ir más lejos.

domingo, 20 de junio de 2010

COCINILLA I - HORCHATA DE CHUFAS


Este post es el comienzo de algo nuevo. O de algo distinto, no sé. Hace algunos días que me propusieron que publicase unas cuantas recetas sencillas, una especie de “fondo de armario” para gente que quiera iniciarse en la cocina. Yo no soy profesional de los fogones, pero me pareció bien (y me dio un poco de miedito, la verdad). La idea es hacer unos platos sencillos, muy del día a día, e intentar que las explicaciones sean muy claras, con un paso-a-paso en foto. Lo del vídeo tendrá que esperar, mis ansiosos fans :D Una vez publicadas todas, las recopilaré en un pdf y lo pondré a disposición de quien quiera bajárselo. Ah, la sección se va a llamar COCINILLA (COCINa + sencILLA). Habrá que hacerle un logo y esas cosas.

Como primera receta de esta colección, aunque pienso incluir las cookies de chocolate, he preparado horchata. Es sencilla de hacer (ni siquiera hay que encender un fogón), el resultado es buenísimo (un 9 en la escala Cocotte) y me encanta. Supongo que tendrá que ver con que la he tomado siempre en El Polo Norte o en la Ibense, mis heladerías locales aquí, junto al Tajo. También la he tomado muy buena en la horchatería Santa Catalina, en Valencia – donde dicen llevar dos siglos horchateando (qué cansancio) – y en la Alboraya, en el 125 de la calle de Alcalá, en Madrid.

El caso es que, para hacerme el culto, me puse a buscar información sobre su historia y esas cosas que quedan tan bien, y me he quedado un poco en shock. Resulta que la horchata pertenece a una antigua familia de bebidas de origen vegetal (en España ya se conoce una “leche de chufas” en el siglo XIII), como la orzata, que en principio era un agua de cebada (algo cuya existencia desconocía, pero que tengo pendiente probar) y ahora se elabora con almendras. Esta familia puede tener un origen bastante antiguo, ya que, aunque etimológicamente deriva del latín, se han encontrado restos de chufas en vasijas del Antiguo Egipto, y esa gente ya sabía hasta hacer cerveza. Como tantas cosas, a nosotros nos llegaron del sur. Una cosa más que agradecerle a las “invasiones” musulmanas. Como la higiene :D

Con el tiempo, la cebada sería sustituida por otros ingredientes locales (otros cereales, tubérculos, almendras, arroz … ). Sí, y esa ha sido una de las sorpresas. Existe una horchata de arroz, que se toma sobre todo en México. Aquí os dejo un par de recetas (una y otra).

En España la hacemos sobre con chufa, aunque en algunos sitios también se puede encontrar agua de cebada (la mencionada horchatería Alboraya, de Marid). Mientras investigo, descubro un uso misterioso: “[la chufa] también es empleada como cebo para atraer presas de caza como ciervos y especialmente pavos”. Qué cosas.

De todas maneras, hay que reconocer que la horchata de chufa es típica de Valencia. Allí te la venden en carritos por la calle, o en horchaterías a las que ya acudía la burguesía local en el siglo XIX. Incluso existe, como os decía, una Denominación de Origen Protegida “Chufa de Valencia” desde 1995, que “protege e identifica el cultivo de la chufa en dieciséis pueblos de la Comunidad Valenciana”.

No creeríais que os ibais a librar de la “nota cultural”, ¿verdad?

La receta la he adaptado del libro “Manual clásico de cocina”, de Ana María Herrera (Ed. El País Aguilar, 2001), también conocido por el libro de la Sección Femenina. Creo que ahora han sacado una edición facsímil los de Edimat, pero me gusta mucho más la mía.

Y sin más dilación...



HORCHATA DE CHUFAS

Dificultad:
0.0 Pero si ni siquera hay que encender el fuego, ¡por favor!

Ingredientes (para un litro, más o menos):
  • 200 g. de chufas.
  • 1 litro de agua.
  • 125 g. de azúcar. La receta original lleva 225 g., pero eso es una barbaridad. Lo ideal es que sea molida.

Preparación:

1 Lavamos las chufas en varias aguas y las ponemos a remojar durante 24 horas. En la receta original eran 12, pero me dejé llevar :) Ya en serio, creo que mis chufas necesitaban ese tiempo para hidratarse. En incluso podrían haber estado algo más.








2 Las volvemos a lavar y las escurrimos bien. De paso, podemos observar como el fotógrafo (moi) ha recreado una fabulosa escena pop con elementos cotidianos XD






3 Las molemos. Yo usé mi batidora de vaso, otro más de los grandes inventos de la humanidad. Las trituramos añadiendo el agua poco a poco. Una vez bien batidas, dejamos todo en maceración unas tres horas.





4 Las pasamos por un lienzo... Eso es lo que dice la receta. Afortunadamente, hoy disponemos de coladores finos y resistentes. Yo lo hice exprimiendo la pulpa que queda con un cazo. Ver foto (estaba deseando escribire eso).






5 Una vez que tenemos todo el jugo colado, lo volvemos a volcar en el vaso de la batidora -que habremos lavado, por supuesto- y añadimos el azúcar. Batimos hasta que se disuelva. Y lo probamos para ver si está a nuestro gusto, claro. 125 g. está bien para mí, pero yo soy más bien goloso, ya lo sabéis. Lo volvemos a colar, lo embotellamos y lo ponemos a enfriar en la nevera. Hay gente que lo prefiere helado. ¡Pues al congelador!

6 La servimos en copas altas. O en vasos grandes. O pequeños. Como sea, pero la disfrutamos.



sábado, 12 de junio de 2010

¿Sabemos lo que comemos? (Pues unas veces sí y otras, no).


Cuando empecé a publicar este blog sólo tenía claro que quería hablar sobre la comida y –de una manera tangencial– de mi relación con ella. Poco a poco las ideas se van concretando alrededor de unos cuantos temas, aunque también es cierto que lo considero un organismo vivo (de alguna extraña manera) y por tanto cambiante.

Básicamente, podríamos decir que se va estructurando en tres bloques principalmente, aunque no son fijos ni tengo la intención de que o sean:

1 Compartir recetas sencillas o explicadas tan claramente como pueda, para que los amigos se lancen a cocinar como si no hubiese un mañana. Es un camino y como tal, no se sabe hacia dónde te lleva, pero el viaje merece la pena. Alguien decía en alguna parte que “cocinar mola”. Yo voy más allá y creo que es un acto mágico. Al fin y al cabo, quien cocina alimenta a la tribu, ¿no?

2 Publicar noticias relacionadas con la comida: novedades, productos, curiosidades, eventos varios, tontás, la vida pública de F. Adriá y de su fabulosa cuchara,...

3 Y en último lugar, pero no lo último, algo de información sobre lo que comemos: de dónde viene, cómo se produce, cómo se procesa... Tengo la impresión de que los españoles hablamos poco de comida. Cocinamos bastante, vamos a restaurantes, nos comemos millones de tapas y raciones en esos bares de Dios, pero… ¿Nos interesamos por lo que comemos? Da la impresión de que hay mucha información, pero dispersa. Desinformación, más bien. Me recuerda a aquello de que el gran triunfo del Demonio ha sido hacernos creer que no existe. No sé si me explico.

Un poco en este sentido, me gustaría compartir con vosotros un enlace a un programa que se emitió en el canal Cuatro dentro de su programa REC: ¿Sabemos lo que comemos?

En el reportaje se nos muestra (en algunos casos sólo se intenta) cómo se procesan distintos alimentos básicos en España: pan, cerdo, tomate, leche y huevos. Se supone que éstos son los alimentos que más se consumen en nuestro país.

A mí, en general, me parece flojo. Podría haber sido más riguroso, haber hecho hincapié en cosas como los alimentos transgénicos, haber buscado más alternativas y no darse por vencido a la primera dificultad… Pero tiene sus cosas buenas, ¡eh! (Si no lo creyese, no lo compartiría con vosotros).

Su principal virtud es que es uno de los pocos documentales que he visto que hablan sobre la industria alimentaria en España. Es fácil encontrar montones que nos cuentan cosas sobre industrias lejanas o malvadas multinacionales, pero es importante poder enfocar sobre algo cercano.

En cuanto a lo malo… Pues que es blandito. Lo achaco a varios factores. Falta de tiempo para elaborar el material y falta de arrestos para hablar de marcas concretas. Seguramente, porque esas mismas marcas son las que pagan a la cadena una buena cantidad en publicidad. Las emisoras de TV viven del anunciante y eso mata al reportaje. O al menos lo hiere gravemente.

Aún así, y dando por sentado que no somos consumidores inocentes, espero que os guste. O mejor aún, que os haga pensar.

Un abrazo




lunes, 7 de junio de 2010

¡MARCHANDO UNA DE BOQUERONES!


¡Qué buenos estaban!Reconozco que soy muy sensible al calor. Es un defecto, lo sé, pero la canícula me aplatana, no me deja dormir bien y eso influye en mi carácter, generalmente optimista y bonachón. Así que sube la temperatura y sólo pienso en piscina, chapoteo y horchata (sin fartons por aquello de la línea).

Pues calor es lo que hace estos días en la soleada España, así que me he decidido a compartir esa maravilla gastronómica que son los boquerones en vinagre. ¡Los reyes de los bares!¡El sushi español! ¿Quién dice que no nos gusta el pescado crudo? Hasta hay gente que se los come en bocadillos (incluso en bocadillos pijos). Tranquilos, yo tampoco lo entiendo. Por cierto, que me entero mientras escribo esto de que son típicos de Madrid (¿?) No sé. Yo los he comido por todas partes, la verdad.

La decisión viene dada por la clásica combinación de factores: me gustan, son sencillos de hacer, se supone que el vinagre es refrescante (“Yo tampoco lo entiendo, 2"), y alguna más. Sobre todo, que se elaboran en frío. Tras una experiencia como la de hacer galletas de mantequilla la semana pasada, con una temperatura ambiente de más de 30 grados, a lo que hay que sumar el empuje calorífico del horno a 200º... Vamos, que a partir de ahora gazpacho y helados. ¡Se ha abierto la veda! Y el horno, precintado hasta nueva orden :D

En esta receta -que encontré en un libro de Iñaki Oyarbide- es muy importante la calidad de los ingredientes. Vale, en todas lo es, pero es que si no se utilizan un buen vinagre y aceite de oliva virgen extra el resultado es muy mediocre. Y lo demás tiene que ser tan fresco como podamos. La preparación es muy sencilla, pero la materia prima es fundamental.

Y en cuanto a la materia prima... Pues aquí llegamos al punto delicado: el anisakis. Este bichito tan simpático es un parásito que “plantea un riesgo para la salud humana en dos sentidos: a través de la infección mediante gusanos al comer pescado no elaborado y mediante reacciones alérgicas a las sustancias químicas que los gusanos dejan en el pescado”. Esto es de la Wikipedia. ¿A que mola?

Afortunadamente, es sencillo acabar con la amenaza (y con el consumo de boquerones en vinagre frescos, desgraciadamente): “siempre antes de preparar esta receta todo el pescado (sin vísceras, ni cabeza) se deberá congelar antes de prepararlo al ser pescado semicrudo se deberá congelar 48 horas a una temperatura inferior a -20º C para evitar el contagio por diverso tipo de parásitos, larvas de parásitos o huevos que luego eclosionarían en nuestro cuerpo (anisakis entre otros). Si se emplea boquerón envasado, hay que garantizar que el etiquetado indica los procesos de su eliminación.” Wikipedia, también.

La normativa española obliga a someter todos los pescados que se vayan a servir en crudo o casi crudos a un ciclo de congelación de 24 horas a una temperatura igual o inferior a -20° C. ¡Pero nosotros vamos más allá!

Por cierto, esa foto fue una de las que presenté al concurso de Tapas&Blogs (a ver cuándo puedo asistir a uno), así que los míos estaban “limpios”. ¡Y buenísimos!



BOQUERONES EN VINAGRE

Dificultad:
La de separar los boquerones en lomitos. Ni más ni menos.

Ingredientes (da para compartir con unos amigos):
  • 250 gr. de anchoas o boquerones pequeños. Engraulis encrasicholus, los llaman por ahí.
  • 1/2 litro de buen vinagre de vino. El vinagre de Jerez sería lo ideal..
  • 1/2 litro de agua.
  • 2 dientes de ajo picados muy finamente.
  • 1 manojo de perejil picado.
  • 1 dl de aceite de oliva virgen.

Preparación:

1 Limpiamos los boquerones: les quitarmos la cabeza, las tripas y les sacamos la espina. Parece muy complidado, pero no es nada. Además, las dos primeras cosas os la pueden hacer en la pescadería si son majos, que suelen serlo.

2 Los introducirlos en agua fría para que desangren. Los dejamos en ella 1 hora, aproximadamente. Si nos da asquito, más.

3 En un recipiente aparte, mezclamos el medio litro de agua y el de vinagre y, a continuación, sumergimos los boquerones en este preparado durante 3 horas. El cambio de color es mágico.

4 Una vez transcurrido el tiempo, los sacamos del recipiente y los escurrimos. Los colocamos en en recipiente en el que los queramos servir con la carne boca arriba (o boca abajo, pero todos igual). Por último, añadimos el aceite junto con el perejil y el ajo finamente cortados.

Trucos y consejos:

Esta receta me resulta menos salvaje que otras, pero si sois amigos de los sabores potentes podeís aumentar la proporción de vinagre.

Los boquerones en vinagre van geniales con una cerveza. Más que nada porque arruinan el mejor vino :D