jueves, 24 de enero de 2013

COCIDO (CASI) CENTENARIO


El pasado 8 de enero, un lector dejó el siguiente comentario en la entrada del cocido: “¿Nos habrán traído los Reyes Magos la prometida receta centenaria de cocido? Muchas gracias por sus recetas y su humor, Monsieur Cocotte”. El caso es que no sé cuándo lo dije, pero recordé haber contado que tengo en casa un libro bastante viejo, que ya me llegó sin cubierta y casi en ruinas.

Se trata de un ejemplar de “MARICHU. La mejor cocinera española o todos los platos del día”, del cocinero y divulgador Ignacio Domènech. Por lo que he averiguado, el libro lo editaron en Barcelona en 1919. Es un libro para amas de casa “bien”. Habla de cómo debe servirse una comida de etiqueta, de cómo se hace y se sirve el té, contiene recetas de auténtico lujo como la langosta a a Norwegienne, o “pilaw” a la turca... Desde luego no va dirigido al ama de casa de alpargata, que apenas sabía leer y compaginaba las tareas de la casa con el trabajo en el campo.

Al transcribir la receta me ha gustado ver que básicamente es el mismo cocido que se puede hacer hoy en nuestras casas, a pesar del tiempo pasado. 1919. En 1919 Aquí reinaba Alfonso XIII y el presidente era (hubo elecciones ese año) don Antonio Maura. Estábamos en plena Guerra del Rif, aunque faltaban dos años aún para el desastre de Annual... Casi no ha llovido desde entonces.

Si os es más cómodo, os la podéis descargar en PDF aquí.

[NOTA: las ilustraciones son las originales del libro, no sé si de Luis Lleó Arnau, que ilustró la portada.]




CÓMO SE HACE UN COCIDO SENCILLO A LA CASTELLANA

El día anterior, por la noche, se ponen en remojo garbanzos de Fuentesaúco o de otra localidad con agua templada algo abundante y unos granos de sal gorda.

Al día siguiente se pone el puchero con litro y medio de agua al fuego. Cuando vaya a romper el hervor, se echan los garbanzos escurridos del aguan en que han estado en remojo, y previamente lavados; a continuación se agrega un hueso de vaca o de jamón, 200 gramos de magro de vaca, un despojo de gallina si se quiere, o un cuarto de gallina, un puerro, una zanahoria, un tronquito pequeñísimo de apio, y al romper el hervor se espuma muy bien; pasada hora y media de cocción se unen tres o más patatas, se le echa sal y se deja cocer suavemente durante hora y media agregándole algo más de agua.

Al mismo tiempo, y en otro puchero, se pone a cocer una cantidad proporcional de repollo o berza, judías verdes, cardillos, judías rojas o blancas. Con la verdura se cuecen 100 gramos de tocino o jamón, un chorizo, longaniza o cualquier otro embutido, o éstos pueden echarse al puchero con la carne. La verdura debe ponerse una hora más tarde que el cocido, excepto si son judías rojas o blancas. Sazónense con sal, y cocerlo con agua suficiente, pero no demasiado abundante.

Esta verdura, momentos antes de servirla, puede saltearse friendo en aceite un ajo, y rehogándola después. Al ser judías blancas secas, se guisan en la forma usual.


MODO DE HACER LA SOPA Y SERVIR EL COCIDO

Media hora antes de servir el almuerzo se pasa el caldo por un colador fino a otra cacerola bien limpia. Al romper a cocer, se echa la sopa de pasta que se quiera. Si son fideos finos, se desmenuzan un poco y se cuecen durante diez minutos. Para cuatro personas, calcularemos este cocido con 100 gramos de fideos o de otra pasta de sopa como suficiente. Téngase en cuenta que la pasta de sopa debe estar bien cocida y que con la cocción aumenta al doble de su volumen. Debe servirse ni muy clara ni muy espesa.

Una vez servida la sopa, se pone le cocido en dos fuentes o platos: en uno los garbanzos, bien enteros y esponjosos, formando pirámide, y sobre éstos se coloca la carne cortada, el hueso de jamón o jamón, los despojos o el cuarto de gallina, y por los costados se colocan las patatas, zanahorias, puerros y nabos. En la otra fuente se coloca la verdura, y sobre ésta el chorizo cortado en pedazos, el tocino, etc. Se sirven las dos fuentes al mismo tiempo.

El cocido es uno de los guisos más exquisitos y populares de España, y siempre resulta un buen plato, aunque a veces tenga muchas alteraciones en los ingredientes en él empleados.




martes, 22 de enero de 2013

Y LLEGÓ EL 2013, COMO QUIEN NO QUIERE LA COSA


Ésta debía ser una entrada post-navideña. Más pegada a la Navidad, quiero decir, pero hasta ahora mismo no me ha dado tiempo a sentarme a escribir con un mínimo de tranquilidad. Supongo que tiene que ver con que esas fechas tan entrañables comenzaron en la maison Cocotte a mediados de diciembre, con la primera prueba de roscón, y terminaron para el ocho de enero con el ritual de guardar el Belén, plegar el árbol y reciclar el papel de los regalos de Sus Majestades.

Venga, reconozco que me quejo de vicio. Ha sido una temporada con mucho trabajo. Desde hace algún tiempo elaboramos galletas, bizcochos, magdalenas y ese tipo de cosas dulces y fácilmente transportables para fuera. Y nuestras galletas de Navidad (amasadas con la ayuda de los duendes de Papá Noel, por supuesto) y los muffins de dos chocolates han sido un éxito. Agotador (para los duendes, por supuesto; nosotros somos más de tomar té junto a la chimenea y esas cosas invernales), pero muy satisfactorio.

Ah, y como novedad este año hemos hecho unas galletas terribles, con el nombre del dueño y todo. ¡Estaban buenísimas!

También, y antes que se desencadenase toda esa locura que comienza con los niños de San Ildefonso cantando el gordo, participé en un concurso de repostería en la Escuela de Idiomas. Quedé segundo de manera totalmente injusta cuando aquello pasó de ser un certamen de postres a serlo de Miss Popularidad, pero bueno. El caso es que me llevé el mejor regalo. Éste (es un rallador de queso de Moulinex, despistaos):


Me hizo mucha gracia porque mi abuelita tenía uno exactamente igual en su pequeña casa de la calle del Trébol. Ahora que releo el párrafo de arriba, veo que casi no se me nota el rencor y la rabia, ¿verdad? Bueno, vale, prometo entrada con fotos y esas cosas.


LA VISITA DE SUS MAJESTADES A LA MAISON COCOTTE

Después pasar la cresta de la ola del galleteo, llegaron los Reyes. Y éste año lo hicieron bien cargados.

En cuanto a lo material, y centrándonos en lo relacionado con la cocina, Sus Majestades dejaron en casa la noche del 5 de enero un ejemplar de Hecho a mano, de Dan lepard y otro de Salvada por los pasteles, de Marian Keyes. Ah, y un magnífico juego de sellos para estampar en las galletas, que aún estoy por estrenar (también habrá entrada, sí).


Mis otras dos adquisiciones de la temporada -La cocina pop de El Comidista, de Mikel López Iturriaga y A comer ya beber, de Guillaume Long- ya las había comprado en día de la presentación del primero en Madrid. Vamos, que en cuanto a libros voy servido.

Sin embargo, es curioso cómo S.S.M.M. se han esmerado este año en sorprenderme con regalos intangibles.

El primero fue recibir un mensaje para pedirme permiso para usa una foto del roscón de Mme. Cocotte para ilustrar una entrada de El Comidista en la que se hablaba de lo malos que son los industriales –me fascina la facilidad con la que nos acostumbramos a la comida de fábrica- y también de que cada vez más gente se lanza a hacerlos en casa. Por supuesto, también se hablaba de comprarlos en los obradores que los elaboran artesanalmente. Eso de tener un pastelero de confianza (como panaderos, carniceros, fruteros, pescaderos...), qué importante es. Y más hoy, con toda esa comida procesada que está tan a mano.

En fin, que me disperso. Evidentemente, me hizo mucha ilusión. Somos muy fans del roscón en la maison Cocotte. De hecho, creo recordar –entre una bruma de harina y aroma de azahar- que este año hemos hecho seis. No todos para zampárnoslos nosotros, por supuesto.

Además, este año lo han hecho por ahí algunos lectores y eso también nos ha gustado, claro. Y cuando digo “por ahí” abarca desde la casa de la cajera del súper, que nos pidió la receta, hasta países lejanos e ignotos (para mí) como Chile o Finlandia. Primer “gracias”.

El segundo regalo intangible vino en forma de número. De número de visitas al blog. Desde que instalé el contador, ese que no muestro, habéis entrado más de 150000 veces a leer las cosas de Monsieur Cocotte. Se me hacen muchas. Como muchos se me hacen los casi 2000 seguidores en Twitter, los casi mil (bueno, faltan algunos) de Facebook y los más de 200 de blogguer. A todos vosotros, a los que comentáis, a los que sois lectores silenciosos, incluso a los que pasáis de largo: muchísimas gracias. Es el segundo.

Y como sois muy buenos (y pacientes) os contaré que las entradas más vistas de la Historia Mundial de M. Cocotte son, por este orden: el hojaldre de verduras, el (muy mítico) pollo al chilindrón y el bacalao a Brás. Y yo haciendo pan y postres. En este mes de diciembre han sido el real roscón de reyes (normal, entre la época y lo de El Comidista...), la sopa gratinada de cebolla (normal, con este frío...) y el recetario navideño. Muchas gracias también por esto último, ya que supuso un currazo importante. Habrá más.

En cuanto a la procedencia de las visitas, la mayoría sois españoles pero me llama la atención la cantidad de gente de Argentina (tengo una entrada pendiente especialmente dedicada a vosotros), E.E.U.U., Alemania, Rumanía, México, Francia, Chile, Colombia, Finlandia... Es un placer, amables lectores. Si queréis manifestaros, tengo un email a vuestra disposición. Y siempre están los comentarios, claro.


¿Y AHORA QUÉ? (PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO)

Pues como todo hijo de vecino, uno tiene sus propósitos de año nuevo. Lo malo es que luego intento llevarlos a cabo y me termino agobiando porque no salen ni la mitad. Pero bueno, supongo que así es la vida: muchos proyectos en la cabeza y poco tiempo (y pocas ganas, a veces) para atacarlos.

Entre las cosas que me gustaría hacer este año, y sólo os cuento las relacionadas con la comida, están todas éstas:
  • hacer más (y mejores) fotos,
  • cocinar más y mejor (y contarlo en el blog, claro),
  • hacer más pan (estoy llevando un diario de panadero y todo),
  • escribir más entradas sobre esas cosas locas que rodean al mundo de la comida,
  • montar un taller de pizzas (aunque sea virtual),
  • hornear de una santa vez una Sachertorte decente,
  • compartir algún otro recetario de la maison Cocotte... Y alguna otra cosa que no pienso hacer pública por si se gafa ;)

¿Y vosotros? ¿Qué retos os habéis marcado para esta temporada?

[NOTA: la ilustración de la Torre Eiffel es de Amy Borrell y podéis comprarla en Hello Poly.]

jueves, 20 de diciembre de 2012

RECETARIO NAVIDEÑO


Amables lectores:

ya sabéis que la Navidad es una época especial en la maison Cocotte, por eso he decidido recopilar las recetas típicas de estas fechas tan señaladas y ofrecéroslas en forma de recetario descargable. También he incluido algunas que no han sido publicadas aún en el blog. No temáis, todas han sido probadas. Incluso en algunas he utilizado como cobaya a frère Cocotte, que es un comensal muy agradecido.

Al hacerlo he pensado en sea cómodo de leer en tabletas. Por favor, dejadme vuestros comentarios al respecto.

Espero que lo paséis lo mejor posible, si nos dejan los mayas.

Un cordial abrazo,

M. Cocotte


[El recetario en PDF, aquí. ]

martes, 4 de diciembre de 2012

CALAMARES A LA ROMANA

Os estoy imaginando. ¿Calamares a la romana? Que si son viejunos, que si están demodés, que si pa’-qué-me-voy-a-molestar-en-hacerlos-si-los venden-congelados (¿sois conscientes de que hay reservado un círculo en el infierno para los que abusan de los congelados?), que si mejor me bajo al bar de la esquina,...

Vayamos por partes. Muy modernos no son, de acuerdo. Más o menos como el 97% de la cocina mundial. Incluso acepto que me digáis que saben un poco a vermú, a salida de misa mayor, a bar en domingo, a boina calada, mesas de mármol y suelo tapizado de cabezas de gamba. En eso ganáis.

¿Están pasados de moda? Obviamente. Y en este mundo “gastrochic”, regido por las hamburguesas “gourmet”, las cocinas supuestamente exóticas, la fusión a toda costa y los cupcakes “perfectos” se agradece estarlo. Están tan fuera de onda que lo mismo son la próxima moda por venir. Dios nos coja confesados. Dos cero.

Lo de los congelados... Estoy por ni siquiera entrar al trapo, pero no puedo evitarlo. El único contacto permitido entre los calamares y nuestro amigo el congelador debe estar motivado por un hecho: una de las maneras de evitar la “chiclización” de los calamares es congelarlos antes de cocinarlos. La otra, más simple, es no sobrecocinarlos. Por si fuera poco, el rebozo de fábrica es la merde. Posiblemente sólo sea superado por los aros de cebolla de fábrica, que en conjunto son l’horreur.

Y para terminar, lo del bar. No cuela. Salvo excepciones, los calamares de bar llevan horas hechos y los han frito en vete tú a saber qué. No se salvan ni los de algunos sitios míticos de Madriz que se llenan a diario de turistas ávidos de saborear esa excepción cultural llamada “bocata de calamares”. No deja de ser curioso que el bocadillo típico de la capital se haga con algo sacado del mar. Supongo que lo compensa que el de Lisboa –tan marina ella y tan a rebosar de pescados salados– sea el de filete empanado con lechuga.

Evidentemente estas dos últimas razones son las que más pesan y en este blog manda un Cocotte, así que gano yo.

En fin. Como en la maison Cocotte estamos por la cocina casera y por la recuperación (y a veces descubrimiento, para qué engañarnos) de sabores arrinconados en olvidaos cajones de nuestra memoria, decidimos preparar esta receta. Por eso y porque me apetecían muchísimo. Así que me puse a buscar recetas y encontré ésta en el libro de El Cocinero Fiel. La original va con sifón pero no suelo tener de eso en casa. Cerveza sí, así que sigo la recomendación de uno de los comentarios. Y como sólo hace falta un poquito, te puedes beber el resto mientras los fríes como una enfervorizada cocinera.

Un par de detalles:

1.- Los calamares saltan. Muchísimo. Se pone todo perdido de aceite. Prevenidlo como podáis: papel alumínico, de periódico, freidora (bueno, eso no lo he probado),... y

2.- Con este rebozo los calamares quedan crujientes y sabrosos, pero no conviene pasarse con el tiempo de fritura porque son muy de transformarse en caucho.

¿Con qué tomarlo? ¡Pues con lo de siempre! Vino blanco fresco o cerveza rubia ligera, que estos bichos son humildes y proletarios.

Para saber más:

TXABER ALLUÉ.
El Cocinero Fiel. De los platos tradicionales a la tortilla2.0 Ediciones Planeta Madrid. Madrid, 2010.

Muchas recetas para el día a día y una tarta de queso que tengo en la lista de “platos pendientes”. Para lanzarse a disfrutar cocinando.

Y como siempre, el PDF con la receta, aquí.

CALAMARES A LA ROMANA

Dificultad: para intrépidos sin miedo al aceite hirviente.

Ingredientes (Para dos personas, si es para comer. Para unos cuantos, si es para acompañar a unas cervezas):

  • 250 g de anillas de calamar.
  • 50 g de harina.
  • 75 ml de cerveza.
  • Aceite de oliva.
  • Pimienta (yo estoy usando mezcla de 5, que me encanta).
Preparación:

1 Salpimentamos las anillas y las reservamos.

2 En un bol grande, ponemos la harina, sal y pimienta. Añadimos la cerveza y lo mezclamos con unas varillas –oh, útil milagroso– hasta conseguir una “mezcla de espesor medio”.

3 Añadimos las anillas de calamar a la mezcla y las dejamos reposar unos minutos.

4 Preparamos una sartén con abundante aceite de oliva y cuando esté muy caliente vamos echando a freír los calamares. Lo haremos de uno en uno y no pondremos muchos a la vez para evitar que se nos peguen, salvo que queramos obtener la bandera olímpica. Ojo: salta bastante, así que cuidado con quemarse.

5 Cuando estén bien dorados –no quemados, dorados– los retiramos y los dejamos escurrir en papel de cocina o sobre una rejilla.

Los servimos antes de que se enfríen.

viernes, 14 de septiembre de 2012

GREATEST HITS (by Falsarius)

A principios de verano (vale, lo confieso, fue en mayo) la buena gente de la editorial Plaza & Janés tuvo la gentileza –cómo me gustan las palabras anticuadas– de enviarme un ejemplar del “Grandes éxitos de la cocina para impostores” de Falsarius Chef.

Ellos no lo sabían porque no me conocen (cosas del semi-anonimato en el que vivo), pero habían dado en el clavo. Lo mejor que se me puede regalar es un libro (¿verdad, Moira?). Como muchos otros, y casi siempre más ilustres, me considero lector sobre casi todas las cosas y he dedicado parte de la estación a disfrutarlo. La otra no he tenido más remedio que dedicármela a mí en forma de baños en la piscina y mojitos en las terrazas. Duro, pero alguien tenía que hacerlo.

Supongo que en parte por ese fetichismo libreril he decidido comenzar la rentrée comentándolo. Ya hace algunos meses que está en las librerías, pero me fastidia mucho ese fenómeno derivado de la avalancha continua de novedades editoriales: parece que los libros –salvo los grandes superventas– disponen cada vez de menos tiempo en los escaparates. Otros títulos vienen por detrás, empujando a los que allí estaban al despeñadero del olvido. Si pudiese, me gustaría rescatar a éste como el pirata Roberts a la princesa Buttercup. Creo que vale su peso en gambas rojas de Denia.

EL AUTOR
A estas alturas, quien no conoce al hombre que hay detrás de la máscara –bueno, de las gafas de nariz– es porque no quiere. Falsarius es uno de los blogueros cocineros/cocinillas más famosos: ha escrito recetarios y novelas, ha colaborado durante cinco años en el programa de la SER “A vivir, que son dos días”, escribe una columna en The Huffington Post, sale en la tele de vez en cuando, tiene 6363 seguidores en Twitter y otros 22041 eh Facebook (datos del 13/09/12, que esto de las redes sociales es voluble e inconstante)... Y encima hasta es majete, el chaval.

De todas maneras, para los amables lectores tremendamente despistados, extranjeros, los que hayan pasado los últimos 100 años dormidos o sean alienígenas, os diré que Falsarius es el inventor de la cocina impostora, una apuesta por la utilización de latas, botes y congelados para cocinar de tal manera que te permitirá “chulearte con los amigos, dar en las narices a esa cuñada pelmaza que siempre se reía de tu torpeza culinaria y regodearte en tus éxitos gastronómicos”. Como comprenderéis, la revelación de estos secretos es peligrosísima –está a la altura de lo que hizo Bruce Lee con los muy chinos y milenarios misterios del Kung-Fu, costándole la vida– y Falsa (que es como le llaman sus amigos) se ve en la obligación de mantener el anonimato ante las amenazas del Gremio de los Cocineros, que es como el de las Costureras, pero en chungo y sin ponerle tanto cariño al trabajo.

También es el autor –y esto merece un premio Nobel o algo así– de la Teoría del Langostino Obnubilante, según la cual si se añade uno de estos crustáceos decápodos a cualquier plato, los comensales sufren una especie de alucinación colectiva y elevan la categoría de dicha preparación culinaria al máximo de su umbral. Dicho en plata: “pon un langostino en la ensalada y el cuñao pensará que es de postín”. Y ni mirará la lechuga, añado yo.

Nota: cuando digo que “ha escrito recetarios y novelas” me refiero a que es el autor de los recetarios: “Cocina para impostores” (que lleva 9 ediciones ahora mismo si no me equivoco), “Falsarius Chef en su salsa. Cocina para impostores 2”, “Cocina sin humos”, “El libro de postres de Falsarius Chef” y “Grandes éxitos de la cocina para impostores”. También ha publicado la novela “Fabada a muerte en Cocina Fusión”. Pero dice que no le gusta trabajar.

EL LIBRO
En fin, pasemos a lo gordo antes de que la cosa se desmadre. El libro está editado por Plaza & Janés (como El factor humano o Los pilares de la Tierra, por decir otros dos que me gustan –y como 50 sombras de Grey, ejem–) pero tiene más guasa. Más guasa y más recetas. 105, para ser exactos –las he contado dos veces– distribuidas en “ensaladas y entrantes”, “primeros platos”, “segundos platos” y “postres”. Todo muy clásico. Ah, cuesta unos 18 euricos (lo he mirado en varias webs). Y para los roñosos, 18/105 = 0,17 € la receta. ¡Tirao!

En él se pueden encontrar las recetas más conocidas del blog, como los Berberechos Sarcozy (¿qué habrá sido de la Bruni?), el inconmensurable Pincho Anti-resaca, la Paella Hereje, la Barbatesa, el Osado Jamón Asado... Las fotos que acompañan a las recetas las ha hecho el mismísimo Falsarius. Así nos va.

Personalmente, me parece un buen libro lleno de ideas para facilitarnos la vida a los que ya cocinamos algo y para que los que no lo hacen aún se animen, que no es tan fiero el león. F es muy fans de las patatas de bote –que con un golpecito de calor son muy resultonas– de las latas buenas y del marisco congelado. De ese que se puede comprar, sí.

Sus recetas muy sencillas pero siempre tienen un toque de imaginación, de gracia, algún pequeño truco… Y todo esto sin humos, que en todo lo “gastro” parece haber de más últimamente. Un poco de aire fresco se agradece después de tanto calor estival.

MI TOP 5
Como “para muestra un botón” he decidido compartir con vosotros mis 5 recetas preferidas (con enlaces al blog de Falsarius, para que no os tengáis que gastar un duro aún). Es complicado elegir porque las hay muy buenas pero... La vida es como un concurso de misses: sólo puede quedar una. O cinco. Es así.

Mejillones ¡hala! Vinagreta
El descubrimiento del verano ha sido que para preparar unos mejillones a la vinagreta mejores que los del bar de la esquina no hay que ir a Galicia ni pelearse con ellos y sus barbas. De hecho, ni siquiera hay que bajar al bar de la esquina. Una buena lata de mejillones al natural y a triunfar.

Patatas al emmental (querido Watson)
Esta receta la tengo reservada para el otoño, que aquí noviembre suele entrar fresco. Es que con esos ingredientes...

Ventresca de atún optimista
Receta anticrispación total, pura alegría en plan “hagamos de cada nuevo día una fiesta”. Tal y como parece que viene el futuro nos va a venir bien. Además es de pescado, que parece que no lo comiese. Y lo como. Poco, pero lo como.

Empanalletas
Es muy tonta pero me encantó. Manzana, canela, masa de empanadillas, azúcar... Así de fácil.

Tarta de queso autoconclusiva
Otra receta sencillísima y que me ha encantado. Especialmente indicada para disfrutarla en soledad; la mejor manera de hacerlo con los placeres culpables.


CONCLUSION
Comprad libros, malditos. No les han subido el IVA. Pueden ser para vosotros, para regalar, para ligar (que se lo digan a Javier Marías), para calzar mesas, pero compradlos. Más aún: ¡comprad éste, pardiez!

martes, 19 de junio de 2012

COCINILLA X - FLAN DE HUEVO

En estos tiempos de incertidumbre, zozobra, de primas de Riesgo disparadas y re-adaptaciones varias a la vida, hacer -y zamparse, para qué engañarnos- un flan casero puede ser una gran idea. Es la esencia de la sección Cocinilla. Preparar algo simple, que nos ayude a escapar de tanta amenaza fantasma, de tanta cosa económica desconocida y del siempre acechante ataque de los zombies. ¿O soy el único que desconoce todo ese embrollo macroeconómico que nos acongoja cada día?

En fin, que estoy harto de malas noticias. De que cada mañana me digan que suben no sé qué diferenciales y me den un montón de datos con los que no puedo hacer nada. Amargarme, si tal.

Así que dimito de todo eso. En lo sucesivo me voy a dedicar a intentar disfrutar del verano, de la gente que me rodea (que suele ser maravillosa), de la cocina, de dibujar y de todo lo que me gusta. He dicho :-)

Ah, la receta en PDF, aquí.



FLAN DE HUEVO

Dificultad: para entes capaces de batir un huevo.

Ingredientes (para un flan, con su forma de flan y su tamaño de flan):

  • 1/2 litro de leche entera.
  • 4 huevos.
  • 200 g de azúcar.
  • Vainilla (o cáscara de limón).

Caramelo:

  • 50 g de azúcar.
  • Unas gotas de zumo de limón.

Preparación:

1En una flanera metálica ponemos 50 g de azúcar, unas gotas de limón y la acercamos al fuego. La calentamos hasta que la mezcla se transforme en caramelo. La sujetamos (cuidado, que quema) y la movemos en todos los sentidos para cubrir el fondo y las paredes con el azúcar quemado. La dejamos enfriar.

2Si por lo que sea no queremos hacer el caramelo en casa, podemos embadurnar la flanera con caramelo comprado, si de esa marca en la que estás pensando. Así es más fácil.

3Ponemos a hervir la leche con la vainilla. La dejamos un par de minutos y la retiramos del fuego. Sacamos la vainilla*. En un recipiente aparte, mezclamos los huevos con el azúcar, los batimos un poco y agregamos poco a poco la leche aromatizada y caliente.

4Vertemos la preparación en la flanera caramelizada, que debe estar fría, utilizando un colador para que no haya “barcos vainillados” en nuestro flan. Ponemos la flanera a cocer al baño María en horno durante 35 o 40 minutos. Pasado ese tiempo, pinchamos el flan con una aguja y si sale limpia se saca del horno. Si no es así, lo dejamos 5 minutos más y volvemos a probar. Cuando esté listo, se deja enfriar y se desmolda en el plato que más nos pete.

Para mí está perfecto así, pero podríais acompañarlo con una bola de helado casero.

miércoles, 6 de junio de 2012

ENSALADA DE RÚCULA Y AGUACATE DEL #diadelaensalada.

De vez en cuando surge en twitter alguna convocatoria como ésta. Se trata de hacer algo a la vez, como aquello de la #megagalleta, de manera simpática y sin que medie ningún concurso. La verdad es que generalmente no me sumo porque uno siempre anda liado con mil cosas y tiendo a la molicie. Sin embargo, esta mañana, cuando @alimentARTE me ha animado un poco, he decidido que sí, que esta vez me apuntaba. Además, me apetecía publicar una entrada sencilla. Incluso la foto lo es: la he hecho con el móvil.

Además, me encantan las ensaladas. Las como todo el año y las hago sin ningún criterio. Dependiendo de la época puedo echarle lechugas, escarola, canónigos, rúcula, tomate, cebolla, maíz, soja, queso, pipas, manzana, piña, pasas, nueces, más queso, granada, pollo, aún más queso...

La de hoy, que ha servido para acompañar a unas salchichas cocidas en vino, es de las que más me apetecen últimamente. Las cantidades son variables, totalmente a nuestro gusto, e incluso podéis cambiar los ingredientes. Lo importante es disfrutar.

ENSALADA DE RÚCULA

Dificultad: para alérgicos al fuego.

Ingredientes (para 4 personas esta vez):

  • Rúcula.
  • 1 Aguacate maduro, salvo que nos guste comer madera.
  • 1 lata de atún.
  • Cebolla cruda picada.
  • Aceite de oliva virgen extra.
  • Vinagre de Jerez (como La Paquera, sí).
  • Sal.

Preparación:

1 Mezclamos la rúcula, el aguacate cortado en láminas finas, el atún desmigado y la cebolla picada.

2 Aliñamos a nuestro gusto con aceite, vinage y sal. Removemos lo justo, no vaya a ser que en vez de ensalada comamos guacamole.

3 Nos comemos la ensalada. Y con esto acaba mi participación en el #diadelaensalada.